Me estoy preparando para ver a mis amigos morir.

Este año me di cuenta de algo que no se aprende en libros ni se puede ignorar: estoy en lo que creo es la mitad de mi camino y cuando uno llega ahí, la vida empieza a ponerse en perspectiva. Todo funciona en ciclos y, sin darme cuenta, comencé a ver a mis padres, tías, […]

Este año me di cuenta de algo que no se aprende en libros ni se puede ignorar: estoy en lo que creo es la mitad de mi camino y cuando uno llega ahí, la vida empieza a ponerse en perspectiva. Todo funciona en ciclos y, sin darme cuenta, comencé a ver a mis padres, tías, algunos buenos jefes y amigos envejecer, y los abuelos y algunas otras personas convertirse en memoria. Con eso también empezó algo para lo que nadie te prepara: darme cuenta que, con el tiempo, comenzaré a ver a personas que amo morir.

Hay algo que agradezco al Universo todos los días porque sé que no es común. Tengo amigos con los que llevo compartiendo el camino de la «vida» por más de 35 años.  Esos son mis «hermanos de crianza», mis «amigos originales» como quien dice los OG’s.  Pudiera decir que son amigos reales, de los que han estado desde el principio, cuando no había nada que demostrar ni nada que ofrecer. Tengo también un grupo de amigos aparte de los OG’s de crianza; mis amigos de la high school, con los que también sigo unido, presente y conectado. Hoy entiendo que tener vínculos así es una bendición inmensa. Si tienes personas que han caminado contigo durante décadas y aún están ahí de alguna manera, debes considerarte verdaderamente agraciado.

Pero con el paso de los años también he visto algo que duele. He visto cómo muchos de esos amigos, a quienes amo, se descuidan, se olvidan o dejan de priorizar la cosa más importante que tienen: su salud. Por eso, el 31 de diciembre a quienes llamé, escribí o hice una videollamada, lo primero que les deseé fue salud. Yo quiero a la gente que amo viva, feliz y sobre todo saludable. No me interesa nada más que eso.

Aquí viene la parte difícil y la razón por la que escribo esto: LA SALUD NO ES UN ESTADO GARANTIZADO. Se sostiene solo cuando tú, yo y cada quien asume su responsabilidad. Sin salud no hay planes, no hay sueños, no hay metas, no hay familia ni futuro. Sin salud no hay nada. Y no creas que por salud me refiero solo a métricas de laboratorio, al peso o a la ausencia de enfermedad. La salud se manifiesta en la calidad de tu energía y en cómo vives, no solo en diagnósticos.

Yo no soy infalible y estoy haciendo lo que me toca —y Migdy no me quita el guante de la cara—, pero ya me estoy acostumbrando a ocuparme de mí, no para compararme con nadie ni para echarle nada en cara a alguien. Lo único que quiero es que me dures mucho tiempo para seguir jodiendo como lo hacemos. Que estés aquí, saludable, 50 años más. Que sigamos hablando, riéndonos, recordando y creando nuevos recuerdos.

Escribo esto porque TE AMO y porque eres importante para mí. Porque pensar en tu ausencia futura me duele hoy. Porque no quiero que nos muramos porque no nos cuidamos. TODOS nos vamos a morir, pero que no sea en vano.

Sé que muchos leerán esto y seguirán haciendo exactamente lo mismo ¡ok, lo entiendo! también alguien me criticará… ya estoy acostumbrado. Pero yo estoy siendo quien siempre soy dejándote saber lo que siento. Si logro que una sola persona se detenga, reflexione y haga un pequeño cambio —en lo que come, en cómo maneja el estrés o en sus excesos— y como resultado me dura un día más, un año más o diez años más, entonces, ¡puñetaaaaa!, mereció el esfuerzo escribir esto.

Si lo leíste y te sentiste identificado, tal vez sí lo escribí por ti. Si crees que de tu parte le funcionaría a alguien que amas, envíaselo. Que este 2026 sea un año enfocado en estar saludables (en todas las áreas), cumplir metas y disfrutarse a esos amigos que son tu familia elegida como si de verdad importaran, PORQUE SÍ IMPORTAN.

Con amor,

Clau

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